la callejón de Hamel tiene su propia personalidad. No necesita que nada ni nadie sea. Es como el barrio chino de La Habana, o el bulevar Obispo, un lugar con olores, sabores, colores y sonidos especiales. El Callejón huele, suena, sabe y se parece a la cultura afrocubana.

Para visitarlo es mejor acudir el domingo, día de la semana en el que realmente toma forma. El domingo es como la rumba. En este día, los vecinos, vestidos como dioses antiguos del panteón Yoruba, los orishas, salen al callejón para recibir visitantes y se oye fuerte el batir de los tambores.

La entrada al carril fue diseñada con piedra sobre piedra. Estos representan lo imperecedero de Dios y Orishas. Según la sabiduría popular en ellos, también llamados Otanes, aquí se consagran los dioses guerreros Elegguá, Oggún, Oshosi y Ozun.

Junto a la entrada, un poste eléctrico también da la bienvenida al visitante con los colores de la bandera francesa. Este es un primer indicio de que lo que se verá será un ejemplo indiscutible del sincretismo entre las culturas africana y europea, dos matrices importantes en la conformación del “ajiaco” que constituye la identidad cubana.

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La bandera francesa también alude a Fernando Belleau Hamel, un ciudadano estadounidense de ascendencia franco-alemana que era dueño de la tierra en el vecindario de Key West a principios del siglo XX. Hamel inició un negocio de materias primas y fundición que ayudó a muchos lugareños a conseguir trabajos decentes, en su mayoría negros y chinos. Incluso promovió la construcción de viviendas para estos trabajadores en el barrio del barrio. Este hecho le hizo tomar su nombre.

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Cultura afrocubana en cada rincón del Callejón

Una vez dentro del callejón de HamelTodo el lugar, incluso los edificios que lo rodean, están pintados con colores vivos, representativos de la cultura afrocubana. En las fachadas también hay frases, poemas, pensamientos de intelectuales y artistas cubanos como Fernando Ortiz, Martí y Salvador Gonzales Escalona, ​​escultor que creó el callejón.

También hay muchas instalaciones realizadas con todo tipo de objetos y materiales, entre los que destaca el uso de metales, también dedicado al Orisha Ogún. El sincretismo de la santería cubana permite representaciones de deidades cristianas que han sido asociadas con el panteón Yoruba e incluso un santuario que representa la práctica del Palo de Monte, religión del Congo. El Trono de Shango es de especial interés para los visitantes al final del recorrido, donde pueden tomar fotos y pedir al santo su protección, estabilidad económica, espiritual y de salud.

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Por las razones descritas anteriormente, no debe sorprendernos encontrar en el mismo espacio del callejón representaciones tan diversas como un maniquí que simboliza una deidad africana así como un pasaje del libro “El Principito” del escritor y aviador francés Antoine. de Saint-Exupéry junto a un busto del apóstol cubano José Martí.

Historia del Callejón de Hamel

La historia de callejón de Hamel como se conoce hoy en día, se remonta a los años 1989-1990 cuando comenzó a gestarse como un proyecto sociocomunitario. En ese momento, el artista plástico Salvador González Escalona decidió reparar todas las fachadas dañadas de las casas, a pedido de un vecino del callejón.

Los arreglos consistieron en pintar las fachadas de las casas en el callejón como murales con patrones y representaciones que aludían al sincretismo de la cultura y religión afrocubana y que daban la medida de su importancia en la formación de la nacionalidad cubana.

Lo más interesante de estos murales es su sentido cultural y utilitario. Por un lado, intentan reflejar de manera abstracta ciertas pistas mítico-religiosas de la cultura afrocubana y su cosmovisión, así como las necesidades, sentimientos, frustraciones y deseos más profundos de los habitantes del lugar, dando como resultado un amalgama de sentidos e imaginarios colectivos que ilustran la esencia de las premisas. Por otro lado, esta amalgama se utiliza para embellecer y decorar las casas del grupo de vecinos. La creación del Callejón también permitió a sus habitantes diversificar su gestión económica a partir de una serie de iniciativas estatales y privadas que florecieron con la afluencia de turistas y visitantes al lugar.

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Por estos motivos, Callejón es mucho más que una galería comunitaria o un “museo al aire libre” como muchos lo han llamado. El Callejón es una experiencia que vincula el arte con el desarrollo de la comunidad local y el agrado y aprecio del trabajo plástico con el conocimiento de la identidad histórica del pueblo cubano a través de talleres creativos para niños y jóvenes, ciclos de conferencias, representaciones teatrales, entre otras iniciativas.

la callejón de Hamel no ocupa más de 200 metros. Donde termina, hay un instituto que, en su fachada, también ha recogido algo del arte que sale del callejón. Cuando los niños terminan sus lecciones o durante el recreo, visitan el callejón y están tan naturalizados por el hecho de que este espacio también es suyo, que el arte ya no los sorprende, las señas de identidad no los sorprenden, el vínculo multicultural de los siglos no asombra ellos. Para ellos, es un lugar auténtico que no presume de su carácter espectacular.

Texto: Yerisleydys Menéndez García / PanamericanWorld – La Habana
Fotos: Ivan del Toro
/ PanamericanWorld – La Habana